Tan lejos tan cerca.

Hoy ingresé por primera vez a un salón virtual para dictar  clases.

Al igual que hace treinta años experimenté la misma mezcla de emoción y nervios que sentí dictando mi primera clase de creatividad publicitaria en el IPP. La diferencia es que esta vez estaba frente a una pantalla sin tener contacto directo con mis alumnos lo que supone un importante reto en mi carrera como docente.

Ya no puedo ir de un lado a otro para captar la atención de mi audiencia ni percatarme -in situ-quién está interesado en mi clase y quién no para llamar de alguna forma su atención.

Tampoco puedo cerrar la puerta del salón para evitar que alguien ingrese o salga sin mi consentimiento y mucho menos saber si están haciendo otra actividad mientras dicto clase.

Menos aún, tomar lista a un volumen muy bajo para lograr silencio absoluto al inicio de clase como lo hice alguna vez con salones de alumnos dispersos. 

En definitiva, estoy viviendo un cambio de modelo educativo donde el alumno dejó de ser un mero espectador para convertirse en el verdadero protagonista.

Sin embargo, hoy también sentí a mis alumnos tan cerca como antes a pesar que cada uno estaba en su casa, muy lejos.

Sentí también su presencia aunque en algunos casos solo veía su imagen estática, un código, un nombre o una foto.

Sentí también que el contacto físico es insustituible pero que la vida me exige reinventarme para seguir ofreciendo lo mejor a mis alumnos que hoy están tan lejos pero gracias a la tecnología los tengo tan cerca.

Tomo esto como un reto fascinante y una extraordinaria oportunidad para crecer como docente y persona.

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