El bate de béisbol

El aumento de casos de inseguridad en Lima y la falta de respuesta de las autoridades nos obliga a que muchos de nosotros acudamos a todo tipo de mecanismos para protegernos.
Algunos, los más avezados, se arman para enfrentar a los delincuentes mientras que otros deciden entregar todo sin poner resistencia.
Soy una persona pacífica pero no estoy dispuesto a que me roben ni entregar lo que me costó con mucho esfuerzo a un maldito que juega a ser Robin Hood, por lo que compré un bate de béisbol como lo hacen cientos  de americanos como arma para contrarrestar los efectos de la delincuencia.
Como dato les cuento que Infobae.com consultó con algunas tiendas que venden estos instrumentos deportivos para constatar la aparición de este fenómeno.
Cuando se les preguntaba a los clientes dónde practicaban el béisbol, ellos decían que compraban los bates para protegerse contra la inseguridad.
Volviendo con mi historia, en mi último viaje a Hawaii, decidí comprarme uno de estos bates para sentirme un poco más seguro mientras manejo en esta Lima de nadie, ocultando el bate bajo mi asiento… por si acaso.
Cuando llevaba en mi auto a mi hijita al centro comercial para hacer unas compras, ella se percató del bate y me preguntó intrigada:
-¿Un bate de béisbol?
-¿Tú juegas béisbol papá?
Aprovechando que la pregunta fue si jugaba béisbol y no para qué tenía un bate en mi carro, le conté que yo también practicaba ese deporte de niño, recordando esos días de colegio donde nuestro profesor de educación física nos preparaba y enseñaba este deporte nada típico en Perú.
Mientras contaba mis experiencias jugando béisbol, su intriga se disipaba junto con mi cargo de conciencia.
Dar muestras de violencia portando un bate de béisbol aunque sea contra delincuentes no es algo que un padre debe enseñar a su hija, pero por lo menos me hacía sentir más seguro ante una muy posible amenaza delictiva.
Mientras hacía mis trámites en el centro comercial, mi hija me pide desesperadamente una moneda.
-Papi , papi, es urgente, necesito una moneda de un sol!
Era para una de esas máquinas dispensadoras de caramelos redondos.
Luego de entregarle la moneda, me llevó de la mano con una inusual emoción que no entendí hasta que vi que la máquina no tenía caramelos redondos; eran pelotas de fútbol, básquet… y béisbol!
-Concéntrate Papa, sacaré la pelotita de Béisbol para ti.
Mientras una maravillosa sensación recorría mi alma, el destino, la suerte y la inocencia de mi hija confabularon para que la pelotita- sí la pelotita de Béisbol- cayera en sus manos y posteriormente en las mías.
Nuestra emoción-especialmente la mía- fue enorme mientras regresabamos al auto no solo con nuestra pelotita, también con la más dulce lección de amor que he recibido en mi vida.
Hoy, llevo siempre la polotita de Béisbol en mi carro en lugar del bate.
Ahora estoy por comprar un bola de béisbol de verdad y un guante para darle al bate, junto con mi hijita, su verdadera razón de ser: Un arma de juego.


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