Borobudur

 

 

 

 

 

 

 

Sonaba más a ficción que a un lugar remotamente lejano.

Krakatoa al este de java era la única referencia que tenía.

Una película de aventura filmada allá por los sesentas, dirigida por Bernard Kowalski donde a finales del siglo pasado el barco “Batavia Queen” abandonó el puerto de Singapur para verse sorprendido en plena travesía por la erupción del volcán Krakatoa.

Hoy, años después-cuarenta para ser más preciso-estoy en Java, ya no a través de mi antigua tele a tubos, mucho menos a bordo de un barco como en la recordada película.

A pesar que viajé  en avión, el recorrido fue interminable. Ocho horas hasta Los Angeles, dieciséis hasta Hong Kong, otras seis hasta la maravillosa isla de Bali en Indonesia y finalmente dos horas más para llegar a la enigmática isla de java.

Un total de dos días para llegar literalmente al otro lado del mundo, prácticamente la antípoda de mi punto de origen.

Estando en java, no podía sacar de mi mente la idea de que otra erupción haría temblar nuevamente la isla como es costumbre por estos lares y como lo fue en 1883 donde la violenta erupción del volcán Krakatoa , sumergió  la isla más de tres metros bajo el mar, dejando treinta y cinco mil muertos. Algo así como un estadio nacional casi lleno.

Sin embargo, la idea de estar en Java era visitar uno de los templos budistas más famosos del mundo: Borobudur.

Patrimonio mundial de la humanidad y catalogado como uno de los templos más majestuosos del oriente, Borobudur fue misteriosamente abandonado en el siglo XIV durante la conversión de Indonesia al islam, para posteriormente ser redescubierto y restaurado.

Al llegar, mi impresión fue tan grande como el monumento de seis plataformas cuadradas coronadas por tres plataformas circulares decoradas por miles de paneles de relieve y más de quinientas imponentes estatuas de buda.

Mientras el guía nos llevaba a través de un sistema de escaleras y corredores donde se aprecian maravillosos tallados en relieve que cuentan la vida de Buda y los principios de sus enseñanzas,  mi curiosidad aumentaba al ver en el interior de una suerte de campanas gigantes llamadas estupas, cientos de estatuas de  Buda.

 

 

 

 

Uno de los guías se percató de mi curiosidad y amablemente se acercó a mi diciéndome:

“Si tocas al buda en en el interior de la estupa y pides un deseo se te concederá.”

Debo de reconocer que soy poco creyente y nada supersticioso. Sin embargo ese día, no sé por qué sentí la imperiosa necesidad de pedir como deseo, que ningún volcán haga erupción durante mi visita a la maravillosa isla de java para admirar in situ lo que algunos eruditos creen que es en realidad un libro de texto gigante del budismo.

Al parecer,  Buda cumplió mi deseo y el volcán nunca despertó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 thoughts on “Borobudur

  1. Espectaculares fotos Crist y muy didactico y escencial tu infomacion como dice alguien de Huacho por hay, hay gentes que con 500 pag no te dicen NAAAA , y hay otros que con unos parrafos te grafican todooo etc.
    salu2.33.p.Fito.

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