El tranvía de Hong Kong

Existe un lugar al otro lado del mundo, donde por tradición, se le otorga varios nombres a una misma persona.  Kwong Sang  que significa nacido en Hong Kong,  es uno de los nombres del popular Jackie Chan,  ídolo de mi infancia quien nació en esta espectacular isla donde hoy me encuentro: Hong Kong

Chino de alegría retrocedo en el tiempo, abordando el tranvía que recorre-desde hace más de cien años- la franja norte de la isla, en un viaje  mágico, tan mágico, que hechizado por los coloridos barrios de Wan Chai  ignoro las reglas elementales de  su transporte.

Al tranvía se debe entrar por la parte trasera, como lo hice con mi esposa y se debe bajar por la parte delantera como lo iba a hacer, hasta percatarme que solo se debe pagar la cantidad exacta para bajar depositandola en un compartimiento para monedas al costado del conductor

Pasadas algunas cuadras de mi paradero y buscando desesperadamente las monedas  para pagar nuestro pasaje, algo me sorprendió más que su maravilloso aeropuerto, uno de los proyectos de ingeniería más costosos del mundo construido sobre una isla artificial, más que su moderna y luminosa bahía de Kow loon, más que su imponente mirador Victoria Peak  a 550 metros de altura o que su Ferri nocturno. Lo que más me sorprendió de todo mi viaje a esta maravillosa isla, fue que mientras mi esposa y yo buscábamos desesperadamente  nuestras monedas al costado del imperturbable chofer, dos personas- una bella anciana y un moderno ejecutivo- se paraban de sus asientos para depositar nuestros pasajes con una gran sonrisa y con su clásica venia oriental, la que respondimos con mucho agradecimiento y  total asombro.

Un Gesto de cortesía tan grande como el mismo Hong Kong.

Bahía de Kow Loon

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